22/08/2019 -  2 minutos de lectura Por Lucas Kuperman

Me gustaría realizar un breve ensayo, o más bien, expresar una opinión acerca del concepto de empatía. Según la RAE, la empatía es un sentimiento de identificación con algo o alguien, o la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

Toda mi vida creí que la buena predisposición, las ganas de aprender y desafiarse, y la buena onda para encarar proyectos, muchas veces triunfan ante la capacidad o los conocimientos que pueden tener las diferentes personas que componen un equipo de trabajo.

Cuando una persona destina la mayor parte de su día en una oficina, el entorno y los compañeros se convierten inevitablemente en una comunidad. La empatía es una capacidad que no se aprende como un contenido más, tanto en instituciones educativas como en el propio lugar de trabajo. Creo que es una capacidad que, como un músculo, necesita ejercitarse. 

Como líder de un proyecto regional, me resulta clave escuchar al equipo. A cada uno de los integrantes. Y, fundamentalmente, tener empatía con ellos. Esto implica intentar ponerse en el lugar del otro y sentirme interpelado por lo que sienten. 

Pese a que muchas veces excede lo laboral, es un ejercicio que ayuda a que la otra persona se sienta contenida, y en una comunidad que le resulte amable. Paulo Freire, uno de los educadores brasileños más importantes del siglo XX, decía que “la actitud es escuchar, qué está más allá de oír. Muchas veces oímos muchas cosas, pero tenemos que tratar de escuchar lo que el otro está queriéndonos decir, esto es, una actitud fundamental”.

Desde mi lugar, es una actitud que intento llevar a cabo día a día desde que entro a la oficina, donde trato de tener un diálogo constante con todo el equipo. He tenido situaciones en las que alguna campaña nos ha sobrepasado de trabajo y fue necesario frenar la vorágine y escuchar. 

Mientras surfeábamos la tormenta, logramos salir adelante como equipo. Posteriormente realicé un debrief para lograr detectar los problemas que se presentaron, dividido en dos partes: por un lado, con cada equipo involucrado en el proyecto; y por otro, con todos los equipos juntos. 

Los aprendizajes que tuvimos de dichas instancias resultaron muy importantes, al punto que todos los ruidos que habían aparecido durante esa campaña no volvieron a repetirse en las posteriores.

El filósofo Martín Buber se ocupó de pensar cuál es el sentido del diálogo. Llamó verdadero diálogo o diálogo genuino a aquella forma en la que cada uno de los participantes tiene en cuenta a los otros como un ser único y presente, y establece con ellos relaciones mutuamente significativas y activas. En eso reside lo valioso de trabajar en equipo. 

La propia empatía es la que genera comunidad y sentido de pertenencia. Las habilidades del equipo se retroalimentan del propio trabajo que se hace a conciencia, siempre de la mano del que tenemos al lado. Eso es lo bueno de construir y trabajar en conjunto. Y no tengo dudas que de este modo se consiguen los mejores resultados para todos.